¿Estoy produciendo fruto o me estoy engañando?

by Daniel Yahav

'En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto, y así probéis que sois mis discípulos.' (Juan 15:8). En este momento, Jesús estaba usando el conocimiento común de la vid para enseñar a quienes le escuchaban y a nosotros, una verdad fundamental del reino espiritual, la cual usualmente es difícil de comprender. El dueño de un viñedo espera que sus plantas de vid den buen fruto. De la misma manera, el Padre espera que nosotros produzcamos fruto pero sólo podemos hacerlo si permanecemos en Yeshua:

'Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí… el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.' (Juan 15:4-5). Claramente, este es un diseño del Creador. Tal como en un viñedo natural, las ramas no pueden dar frutos a menos de que estén conectadas a la vid; así mismo, es nuestra vida espiritual. No podemos producir fruto a menos que estemos conectados a nuestra fuente de vida – nuestro Señor y Salvador, Yeshua.

Yeshua dijo: 'Si me amáis, guardad mis mandamientos' (Juan 14:15). Dios nos dio en Su palabra un marco confiable y fuerte dentro del cual vivir. Provee guía, sabiduría, apoyo y dirección para nuestra vida diaria. Es vital leerla cuidadosamente y guardarla, es decir, obedecerla y aplicarla en nuestra cotidianidad. Al hacerlo, demostramos que amamos a Yeshua y que estamos conectados a El.

'Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita…' (Juan 15:2a)

En lo natural, una vid que ha caído a tierra no pruducirá una buena cosecha. En este caso, el viñador la recogerá y la reinsertará en la estructura para que tenga el chance de seguir creciendo y producir fruto. Si hemos caído y aplicamos la palabra de Dios, podemos confesar nuestros pecados y arrepentirnos de corazón. El Padre nos perdonará y nos levantará, restaurándonos para que podamos continuar en obediencia y dar fruto. Sin embargo, si la vid crece salvaje y descontroladamente, sin ninguna conexión con la estructura, sin producir fruto, será cortada. Es decir, si seguimos en desobediencia deliberada a la Palabra de Dios, y no producimos los frutos de justicia, seremos cortados. (Romanos 11:22) 'Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado…"

¡La forma segura de producir fruto es permanecer conectado a Yeshua a través de la obediencia de Su Palabra!

'...y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado.' (Juan 15:2b-3). Todo viñedo necesita ser podado después de la cosecha y antes de la próxima estación de crecimiento. Esto fortalece las plantas, facilita su crecimiento en la buena dirección y asegura la buena calidad del fruto. Yeshua hace una conexión directa entre la poda y Su Palabra. Obedecer Su palabra nos purga y limpia. (Efesios 5:26)

Su Palabra también nos disciplina. Es viva, activa y es capaz de trabajar nuestros corazones y nuestros espíritus si la recibimos con fe. “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu … y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12)

Todos necesitamos este salvavidas en nuestras vidas, por la razón que el Señor le dice a Jeremías: ' Más engañoso que todo, es el corazón,
y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?'
(Jeremías 17:9)

La Palabra de Dios alcanza el interior de nuestros corazones y saca la verdad que yace en ellos. A veces este proceso es doloroso y casi siempre exige cambios en nuestras vidas. Para obedecer Su Palabra, quizás necesitemos cambiar lo que hacemos o pensamos. Si nos sometemos a la palabra de Dios, la obedecemos por fe, producirá en nosotros una buena cosecha de justicia, paz y gozo. 'Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.” (Hebreos 12:11)

Tanto la Palabra como el Espíritu provienen de la boca del Señor. EL Espiritu Santo es quien le da vida a la Palabra en nuestros corazones. Es así como obtenemos el alimento para nuestro crecimiento espiritual y ser fecundos.

El Espíritu Santo fue enviado para enseñarnos y recordarnos la verdad de Su Palabra. Ahora, es nuestra responsabilidad dedicarle tiempo a su lectura y, así, darle oportunidad de traernos revelación. ¿Cómo puede recordarnos la Escrituras si ellas no están grabadas en nuestros corazones? Necesitamos guardarla diariamente en nuestros corazones para darle a El suficiente material con el que trabajar y traerla a la memoria. 'Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho.' (Juan 14:26)

'Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. ' (Romanos 8:14)

Solo los verdaderos discípulos de Yeshua producen fruto y van al Cielo. Un discípulo es alguien que está continuamente produciendo fruto. Necesitamos ser activos en nuestra búsqueda del Reino en nuestras vidas personales y en nuestras familias. Los padres son responsables de guiar a sus familias con una autoridad amorosa para que produzcan buenos frutos para el Reino – son los responsables de lo que sucede en la familia – el liderazgo espiritual es una prioridad indiscutible. Las esposas muestran amor y respeto por sus esposos como ejemplo para sus ninños y los niños necesitan obedecer y respetar a sus padres. Esto es también parte del marco colocado por Dios a través de Su Palabra para darnos apoyo y fuerza. Si nos negamos a permanecer dentro del marco de Dios, no produciremos el fruto que El espera de nosotros.

La decisión de permanecer en la vid de Yeshua y el caminar por el Espíritu en obediencia a Su Palabra siempre conllevan una lucha interior ya que nuestra vieja naturaleza es opuesta al Espíritu de Dios.

'Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues éstos se oponen el uno al otro…' (Gálatas 5:17) .

Continuamente, necesitamos decirle “NO” a la carne y no permitirle hacernos tropezar. Debemos tomar este asunto tan seriamente como lo hizo Yeshua. “Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.” (Mateo 5:29)

Vivimos en un mundo lleno de tentaciones. Por ejemplo, el mundo del internet lo tenemos en la punta de los dedos. Es vital que no permitamos a las tentaciones robarnos el tiempo o hacernos caer en pecado, ya que cualquiera de los dos tendrán un efecto severo en nuestra habilidad de permanecer en Yeshua y producir el fruto que el viñador espera encontrar. Esto requiere tomar decisiones diarias conscientes de negar la carne y caminar en el Espíritu – no es fácil pero posible con la ayuda del Espíritu Santo y la verdad de su Palabra.

'Digo, pues: Andad por el Espíritu, y no cumpliréis el deseo de la carne.' (Gálatas 5:16)

¿Me estoy engañando?

Si creemos que somos suficientemente fuertes en nosotros mismos como para no complacer la carne, nos estamos engañando. Hasta el Rey David, quien amaba a Dios con todo su corazón y buscó de caminar Sus caminos, fue tentado y escogió ignorar las señales de peligro. Santiago nos explica: “Sino que cada uno es tentado cuando es llevado y seducido por su propia pasión. Después, cuando la pasión ha concebido, da a luz el pecado; y cuando el pecado es consumado, engendra la muerte. Amados hermanos míos, no os engañéis…” (Santiago 1:14-16)

Nuestra defensa segura contra las tentaciones de la carne es el temor del Señor y Su Palabra.

El temor del Señor es fuente de vida, para evadir los lazos de la muerte. (Proverbios 14:27)

'En mi corazón he atesorado tu palabra,para no pecar contra ti. '. (Salmo 119:11)

'Con toda diligencia guarda tu corazón,porque de él brotan los manantiales de la vida.” (Proverbios 4:23)

Nos engañamos si pensamos que podemos producir fruto sin escuchar la palabra de Dios, sin leerla, y sin dejar que transforme nuestras vidas – o, si habiéndola leído y oído, no ponemos en práctica lo que hemos aprendido. 'Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores que se engañan a sí mismos.' (Santiago 1:22)

El Padre busca la manifestación del fruto del Espíritu en nuestras vidas como el resultado natural de caminar en el Espíritu y ser un discípulo de Yeshua. Caminar en la carne produce una cosecha que entristece al Espíritu Santo (Efesios 5:19-21). Hacerlo en el Espíritu Santo y en la crucificción de la carne produce la cosecha que Dios tiene prevista. (Efesios 5:22-23)

Traigamos gozo a Su corazón y al nuestro, permaneciendo en El, obedeciendo Su Palabra cada día y produciendo buen fruto en nuestras vidas. “Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea perfecto.” (Juan 15:11)